MENSAJE DE CUARESMA DE MONSEÑOR RICARDO EZZATI, ARZOBISPO DE SANTIAGO.

Cuaresma: creer en el amor

Publicado en El Mercurio, miércoles de Ceniza 13 de febrero de 2013, pág. A2

Una pausa necesaria en nuestra vida, oasis en el desierto. Así podría resumirse la espiritualidad del tiempo de Cuaresma que la Iglesia Católica inicia hoy, con la celebración del miércoles de ceniza. Cuarenta días para preparar el acontecimiento central de la fe cristiana que es el misterio de Pascua: la muerte y resurrección de Jesús, sentido y esperanza cierta para las personas que peregrinan por el mundo.

Es un tiempo precioso para contemplar el paso amoroso de Dios por la vida y discernir en su Espíritu los mejores caminos para responder a su amor. Oportunidad inmejorable para alimentar la fe mediante una escucha atenta y prolongada de la Palabra de Dios, la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, para crecer en la caridad, en el amor a Dios y a los hermanos.

En su mensaje para la Cuaresma, el Papa Benedicto XVI invita a meditar en la íntima relación que existe entre la fe y el amor. “Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad”, recuerda el Santo Padre. También nos llama a vivir la preparación a la Pascua reavivando la fe en Cristo, “para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida”.
La campaña ‘Cuaresma de Fraternidad’ que la Iglesia desarrolla en Chile desde 1981, es signo de una vivencia de fe que no puede separarse del compromiso solidario y fraterno con el prójimo. Después de haber destinado durante varios años los recursos de la Campaña a financiar proyectos de apoyo a mujeres jefas de hogar y, luego durante otro período, a jóvenes en situación de vulnerabilidad, a partir de este año los Obispos hemos acogido la invitación a dirigir la mirada y la prioridad de la caridad hacia el desarrollo de la niñez, especialmente de los menores de edad, que enfrentan condiciones de vulnerabilidad, como pobreza material, el abandono o el abuso.

Emociona la ternura con que Jesús acoge a los niños, relegados a un lugar marginal por la sociedad de su tiempo, los reconoce en su dignidad y los hace sus predilectos. En la sencillez de los niños el Señor muestra un modelo nítido de los valores del Reino de Dios y la pedagogía para acompañarlos. Por eso, en una sociedad donde los menores de edad también son víctimas del abandono, del abuso y de las duras consecuencias familiares de una sociedad de consumo, la Iglesia hace suya la opción de Jesús. Eso se traduce en un compromiso por ofrecer y promover para ellos, experiencias y espacios sanos y seguros de convivencia donde sean tratados con cariño, sus derechos sean respetados y puedan recibir una formación integral que los convierta en honestos ciudadanos y buenos cristianos.

Son incontables las obras apostólicas de solidaridad para niños y adolescentes que la Iglesia ha aportado y sigue aportando a la sociedad chilena. Fieles a su vocación de servir en la primera línea del sufrimiento humano, instituciones católicas han hecho suyos el dolor y la vulnerabilidad de los niños, procurando ofrecerles, además de las condiciones necesarias para vivir dignamente, las herramientas indispensables para crecer y desenvolverse en un mundo tan competitivo, excluyente y estigmatizador. Se trata de una tarea ardua y no exenta de dificultades. Las económicas son particularmente complejas, sobre todo por la enorme contradicción que revela una sociedad que derrocha sumas cuantiosas en compulsivas compras de bienes superfluos y, al mismo tiempo, elude hacerse cargo de aquello que es vital para grupos humanos vulnerables.

La Cuaresma de Fraternidad es mucho más que una campaña de recolección de dinero. Surge a partir de la espiritualidad de este tiempo y, en consecuencia, apela a la decisión personal de mirar primero la necesidad apremiante del hermano y la hermana que más sufre. En ese sentido, se nos invita a privarnos de lo suntuario e incluso de lo legítimo, para ayudar a que otros cuenten con lo mínimo para vivir y desarrollarse dignamente. Creer en la caridad suscita caridad, como nos recuerda el Papa Benedicto XVI en su mensaje. Tengamos en cuenta este profundo sentido cuando recibamos, en nuestras parroquias y colegios, la tradicional alcancía de Cuaresma de Fraternidad.

Que la necesaria pausa de este tiempo cuaresmal nos lleve a lo más profundo de Dios en nosotros. Y que nuestro compromiso fraterno y solidario en favor de la niñez sea un signo de la revitalización de nuestra fe. Porque, como señala el Papa en su mensaje para la Cuaresma 2013, “en definitiva, todo parte del amor y tiende al amor”.

+ Ricardo Ezzati A.
Arzobispo de Santiago
Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile